2014, X ANIVERSARIO DE ALAMBIQUE

DECLARACIÓN X ANIVERSARIO DE LA ASOCIACIÓN CONTRA LA EXCLUSIÓN "ALAMBIQUE":
http://asociacionalambique.blogspot.com.es/2013/10/declaracion-x-aniversario-de-la.html


¿QUÉ SIGNIFICA PARA TI ALAMBIQUE?

“               PROPUESTA

Bonos díes, fíu y fía:

Acabo de recibir un what sApp tuyu, Aida y lo primero ye felicitati por llograr esa beca… ¡mira que yera difícil colos retayos que faen en toles estayes estos castrones! Masque yes una perbona bioquímica y nun-yos quedó más remediu que concedétela, anque eso sí, ruina, pero d’esos y eses nun se pue esperar otra actitú.

Otramiente y esto ye pa entrambos ye… que… cuéstame trabayu dicívoslo y más teniendo en cuenta esi llabor tan duru col que t’alcuentres tolos díes, Xuacu, porque la educación especial pa reciella con necesidaes educatives esgasta muncho.

Pero voi a ello. Tolos díes unviais un what sApp, alternándovos na xera. Sí, ye perguapo comprobar la vuesa alcordanza, amás teniendo en cuenta que ye raru’l fin de selmana que nun nos veamos, masque…echo en falta la voz.

Soi consciente de qu’andáis a la carrera intentando –como se diz agora- conciliar la vida profesional y familiar y que cuando aportáis a casa, amás de los gua.hes, hai coses que facer. Ye duro, galdío, nun sé como sois a ello col llabor que tenéis entrambos tan absorbente, pero ¿sabéis lo prestoso que ye sentir una voz estimada? Lo mesmo que si foren pallabrines de miel esnidiando pela oreya hasta’l tímpanu.

Entiendo que nesos minutos llibres que tenéis pela mañana –denantes dicíase la hora’l bocadiellu- aprovechais pa unviami la comunicación pel móvil…pero ¿ye muncho pidir que siquier un día a la selmana, cuando tais en casa, de nueche, atopéis un cachín de tiempo pa llamame y yá de pasu, poneime a ún de los vuesos fíos, anque nun son tantos, ún Aida ya otra Xuacu?

Y yá nun vos rampuño más tiempu. Una fardela besos ya abracinos pa repartir.

La vuesa ma, güela y suegra.

10 d’ochobre de 2013

AUTORA: HELENA TREXU FOMBELLA




“ Al proponerme hacer un texto sobre Alambique lo primero que se me vino a la cabeza fue, ¿y qué puedo contar yo? ¡Que están locas!

Por simple curiosidad busqué la definición de locura, y en la tercera acepción creo que encajan:  “Entusiasmo o amor excesivo que siente una persona por alguien o algo. Que es exagerado o está fuera de lo normal”.

Y es que lo único que explica, a mi parecer, el trabajo diario que éstas llevan a cabo es el verdadero amor por lo que hacen. Y lo mejor es que transmiten ese amor y te hacen creer, cuando ya lo pensabas todo perdido, en esas palabras de aquel “Son cosas chiquitas”.

Y ya no por sus tantas acciones en la calle o donde haga falta, por la organización de charlas, encuentros, jornadas, por su labor en el barrio o el trabajo de oficina. Sino porque a su lado aprendí lo que significa el apoyo mutuo real, fuera de teorías y libros, en la vida, en el día a día. Porque además te ayudan a aprender libre, sin dogmas. Porque si quieres puedes ir haciendo camino con ellas, pero no te llevan a ningún sitio de la mano, tienes que ir tú, llegar tú.

Porque, de lo que conozco de este mundillo, nunca me he sentido tan cómoda como con ellas. Porque para mí hablar de Alambique no es hablar del colectivo, me cuesta. Para mí Alambique son las personas que lo forman, son esa pequeña familia que siempre está metida en mil movidas y no sé ni cómo lo hacen. Pero ahí están… ¡¡10 años ya!!

Me acuerdo de mi primer encuentro con algunas de ellas, unas jornadas en la Flex y de esto, han pasado unos cuantos ya también.

Mil gracias compañeras, amigas!!!

Claudia



"Diez años con sentido"
 
Hace ya más de diez años que creo conozco a Roberto, quien me presentó a Marta, quien me presentó a Vane, quien...y así podría seguir citando nombres de PERSONAS con mayúscula,  alambiqueñas cuyo mayor afán es luchar por la justicia social y la tan soñada igualdad entre los seres humanos.
Siempre me he sentido cercana a Alambique, aunque a ratos, muy lejana. Es admiración lo que tengo ante tanto esfuerzo que ponen y tanta lucha diaria. En muchas ocasiones, Alambique me queda grande pero apoyo todas sus causas porque me parecen justas.
Últimamente, mi vida ha cambiado en muchos sentidos pero en uno de ellos, Alambique permanece. Con ella, muchas cosas vitales cobran sentido. Una de ellas: compartir momentos con tan buena gente.
 
Mónica


  Hace ya más años de los que nunca pensamos, que andamos enredándonos con esta bella locura que es la Coordinación Baladre. Nuestro primer contacto fue en un viaje de Vigo a Lleida, que comenzó en un encuentro en la ciudad Galega de un grupo de personas con las que coincidíamos en el cristal con que veíamos el mundo, en muchas de las reflexiones a la que le dábamos vueltas y en las ganas locas de cambiar, con otras, la realidad que nos rodeaba y que nos sigue sin gustar.

Fue en ese mismo viaje la primera vez que paramos por XIxón con las compañeras de Alambique. Ese fue el comienzo de muchos años de una relación más allá de las distancias, mares y continentes que nos separan. No hay demasiadas ocasiones, para desgracia de todas,  en la que nos encontramos en estos mundos de lucha que caminamos, con personas y grupos, capaces de acogernos y hacernos partícipes de sus vidas, sueños y utopías. De estar en sus preocupaciones  cotidianas desde lo personal, que siempre debe de ser político, y de sentirlas nosotras también como propias, como parte de nuestras familias. Preocuparnos con ellas de su día a día, de su techo y de su pan, y de sus acciones para que otras también accedan a sus derechos no reconocidos. Para nosotras Alambique, es un espejo en el que mirarnos y reconocernos. Son Nosotras, con otro acento y en otro país castigado por los males más viejos del capitalismo y la represión. La Asturias de la emigración suramericana y la miseria, es una isla también rodeada del mar de la exclusión.  Desde la Asamblea Canaria por el Reparto de La Riqueza, el Espacio Social La Casa y Radio Pimienta, entendemos a Alambique como parte indivisible de nosotras mismas, comparten nuestro aire, nuestra forma de respirar, nuestra manera de estar y ver la realidad, de incidir en ella con las calles como escenario de lucha, sin importar cuantas seamos, sino poniendo el énfasis en la fuerza de la razón y la contundencia de la justicia social.
 Por todo ello, por ser parte nuestra y sentirnos alambiqueñas desde el exterior, les felicitamos y nos felicitamos también por este décimo aniversario tan nuestro y tan de ellas, pero sobre todo tan necesario para seguir sosteniendo las utopías, las ganas de gritar, la negativa a rendirnos y seguir surcando los caminos para construir otro mundo posible desde donde vivimos. Serán mil años más. Porque la vida es lucha cuando se está convencida de que sólo nosotras debemos tomar sus riendas en primera personas, y si hay alguien que lo tiene claro, sin duda, es Alambique. Gracias por alumbrarnos los caminos y por acompañarnos los pasos.

Canarias, octubre de 2013



“ CARTA A ALAMBIQUE CON MOTIVO DE SU DÉCIMO CUMPLEAÑOS.

Hace unos añitos, 8 ó 9, Manolo Sáez, en uno de sus viajes  entre A Coruña y el resto del mundo conocido, pasó a vernos por Navia. Nos habíamos conocido un tiempo atrás en unos encuentros de Educación popular, y hablábamos de posibles enredos entre las luchas que llevábamos por el occidente de Asturias (contra la minería de oro, contra los planes de urbanismo especulativo, por la agroecología o la participación ciudadana…) y las que se estaban desarrollando en el centro de Asturias  y en otros territorios.

Así que al bueno de Manolo se le ocurrió venirse a Navia con algunas de las compas de Alambique, para ver si tejíamos redes en Asturias.

 Y empezamos a encontrarnos en lugares y en coordinaciones ya en marcha, e impulsando otras. Así conocimos algunas de las acciones que desarrollan en los barrios de Xixón, compartimos actividades y encuentros, nos echaron una mano para sesiones de trabajo asambleario en La Casa Azul, participamos conjuntamente  en proyectos como Coop 57 Asturias o en la Asamblea Asturiana por la Renta Básica de las Iguales que impulsan y dinamizan más directamente.

Mas las noticias sobre las acciones de denuncia de las políticas sociales o de apoyo a personas concretas que siempre animan el acontecer asturiano bastante acomodaticio y muermo por lo general.

Por todo ello podemos decir que es una suerte contar por estas tierras con unas personas que, en los tiempos que corren, están dispuestas a impulsar lo colectivo, no para acceder a parcelas de poder sino para cambiar el poder. Unas personas que se mantienen alerta y nos zarandean para salir del nuestro letargo, del “No se puede hacer nada”,  “Las cosas son así…”

Diez años de Alambique son un logro de unas personas, con nombre y rostro y alegrías y desesperanzas, que no se conforman con lo que hay y que tienen proyectos, ideas y ánimo para llevarlos adelante.

Diez años que agradecemos haber compartido y que esperamos que se prolonguen en otros muchos que podamos compartir.

Por todo ello, criatura, feliz cumpleaños y un beso muy grande desde el occidente de Asturias. Nos veremos para apagar unas velas…

Elena y Faustino.




“ Alambique… sueños hechos realidad.

Hace años que conocimos a esta organización. Poco a poco fuimos compartiendo formaciones, facilitando procesos, reflexiones, intercambiando experiencias, búsquedas, creciendo y aprendiendo. En nuestro caso mucho sobre la realidad asturiana, sobre la necesidad y la capacidad de ser perseverantes, de luchar, de organizarse, de enredarse con más gente, de soñar un mundo más justo y digno, de ilusionarnos cada día y cada noche con la gente, de librarnos de pudores y mostrarnos y crear, de salir a la calle, de exigir los derechos de ciudadanía de todos y de todas, sean quienes sean, sean de donde sean.

Alambique es un espejo en el que nos podemos mirar, en el que nos reconocemos. Esta organización y estas personas nos gustan mucho porque, con sus aciertos y sus equivocaciones, hacen que cada día éste sea un mundo más justo, más digno, más hermoso. Y a quienes, como Alambique, hacen esto en nuestro mundo, hay que agradecerles y felicitarles. Está siendo un gusto compartir este tiempo con vosotros y con vosotras. Como lo serán también los tiempos futuros. Gracias por la oportunidad de conoceros y compartirnos. Y seguimos. Abrazos mil. Y salud. Esther Canarias y Fernando Altamira.




“ ¡10 AÑOS DESTILANDO LUCHAS Y ESPERANZAS!

¡10 años han pasado!

Desde esas primeras impresiones, lecturas, debates, reuniones y luchas.

De esos primeros momentos cobijados alrededor de una mesa camilla, con el calor de un pequeño brasero.

De las primeras ideas de hacer algo porque la sociedad que tenemos es la más dramáticamente injusta en la que podemos vivir.

De ver que el poder político y las instituciones no hacen nada para cambiar las cosas, todo lo contrario, cada vez a más gente, a más niños, a más mujeres, a más ancianos, a más familias… a la sociedad, este modelo de capitalismo salvaje la va desmenuzando y explotando, hasta que no nos queda nada por lo que vivir.

Por todo esto surgió la idea de empezar a destilar las esencias que puedan hacernos luchar por una sociedad más justa, desde las personas (y no desde el mercado), desde los grupos, desde las coordinaciones y plataformas, desde la participación, la denuncia, el apoyo mutuo y la reivindicación por una forma de vida más humana, más sentida y más igualitaria.

Son miles los momentos, los recuerdos, las conversaciones, los debates y las luchas que vienen a mi memoria en todo este periodo.

Desde Alambique ha existido siempre la idea de dar importancia al proceso y no a los resultados, y es este proceso en el que seguís trabajando.

A toda esa gente que en unos u otros momentos se ha acercado y ha tenido contacto con la asociación, desde organizaciones como Las Otras Caras del Planeta, la EAPN, la Coordinación de Luchas contra el Paro “Baladre” (y sus 30 años cumplidos), foro filosófico del Llano, el Rincón del Sur como medio de comunicación alternativa, todo lo que se está haciendo en el barrio “del Nuevo Gijón” (revista, talleres y actividades, biblioteca popular, fiestas de Santiago…) compartiendo camino con la asociación de vecinos y otras organizaciones del barrio.

No querría olvidarme de nadie, pero son tantas las personas, tantos los grupos y organizaciones que han ido compartiendo este proceso con Alambique que sólo enumerarlas sería interminable.

No quería terminar este recuerdo de 10 años de extracción de “las mejores esencias” sin dejar de sacar a la luz todo la lucha realizada, desde la Oficina de Información de Derechos Sociales “La Espiral”, por mejorar las ayudas de emergencia, el salario social, la apuesta por la Renta Básica de la Iguales, por los derechos sociales, en definitiva, por la búsqueda de nuevas alternativas económicas (desde aquí mi apoyo a la gente del Parque Alcosa) relacionales y convivenciales en las que Alambique sigue apostando por la sociedad y las personas.

Desde este rincón de la provincia salmantina, con todo mi cariño, aliento, ánimo y esperanza para que sigáis como hasta ahora.

Si en la sociedad existieran más colectivos como Alambique, el mundo seguro que sería más justo e igualitario.

¡Nos vemos en las calles!

Por el pájaro enjaulado
Por el pez en la pecera
Por mi amigo que está preso
Por que ha dicho lo que piensa
Por las flores arrancadas
Por la hierba pisoteada
Por los arboles podados
Por los cuerpos torturados
Yo te nombro Libertad

Por los dientes apretados
Por la rabia contenida
Por el nudo en la garganta
Por las bocas que no cantan
Por el beso clandestino
Por el verso censurado
Por el joven exilado
Por los nombres prohibidos
Yo te nombro Libertad

Te nombro en nombre de todos
Por tu nombre verdadero
Te nombro y cuando oscurece
cuando nadie me ve
Escribo tu nombre
en las paredes de mi ciudad
Escribo tu nombre
en las paredes de mi ciudad
Tu nombre verdadero
Tu nombre y otros nombres
que no nombro por temor

Por la idea perseguido
Por los golpes recibidos
Por aquel que no resiste
Por aquellos que se esconden
Por el miedo que te tienen
Por tus pasos que vigilan
Por la forma en que te atacan
Por los hijos que te matan
Yo te nombro Libertad

Por las tierras invadidas
Por los pueblos conquistados
Por la gente sometida
Por los hombres explotados
Por los muertos en la hoguera
Por el justo ajusticiado
Por el héroe asesinado
Por los fuegos apagados
Yo te nombro Libertad

Te nombro en nombre de todo
Por tu nombre verdadero
Te nombro cuando oscurece
cuando nadie me ve
Escribo tu nombre
en las paredes de mi ciudad
escribo tu nombre
en las paredes de mi ciudad
Tu nombre verdadero
Tu nombre y otros nombres
Que no nombro por temor
Yo te nombro Libertad.

Paul Èluard (1942)


¡Un fuerte abrazo!
Nandy



Abre La Aurora Mil Bellos Itinerarios Que Unen Entregas
Libres como la vida que sueña dignamente...
Anda tal vez la hora escasa de esperanzas
Mientras sufren los pueblos para salvar medidas
Burdamente impostadas, en laberinto oscuro,
Imitando razones que la verdad no entiende...
Quizás por todo ello quiera ser esta lucha
Utópico latido de otros mundos posibles
En el apoyo mutuo frente a oprobios y sombras...

Nacho Fernández del Castro

Gijón, Octubre 2013



“Donde hay poca justicia es peligroso tener razón.”
Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos
(Madrid, 14 de septiembre de 1580 — Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 8 de septiembre de 1645),
Sentencias de la mundana falsedad y las vanidades de los hombres, 28.

En este mundo donde lo único que importa es aparentar ser, porque lo que se es se desprecia... En esta sociedad en la que lo único que da valor es el dinero, porque los valores compartidos molestan... En este país en el que lo que de verdad cuenta es el éxito económico, pues el bien hacer y el bien estar se consideran anacronismos ridículos... En esta región en la que sólo parece relevante la conservación de las élites en medio de un declive irrefrenable, pues lo que pase con los más se torna cuestión menor... En esta ciudad en la que sigue el jolgorio (con el dinero público), mientras las emergencias sociales se multiplican y desatienden al mismo ritmo... En este sistema, en fin, de capitalismo ufano y depredador, dispuesto a escarbar en los últimos “nichos de negocio” que fueran bandera del siempre menguado Estado del Bienestar, ya nadie está libre de la precarización de la vida.

No hablamos, no, de una metafísica de la precariedad que nos lleva a resaltar, fatalistamente, al estilo de Jorge Manrique («Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir...»)lo efímero de la vida y las grandes dosis de azar que la envuelven en cada uno de sus pasos. Hablamos, más bien, de un plan sistemático para convertir en negocio todo lo que sea susceptible de ello (incluyendo, por supuesto, la salud, la educación, las pensiones o la atención a la dependencia), dejando todo lo demás a expensas de la caridad pública o privada... Es, por supuesto, esa nueva proclama del Fondo Monetario Internacional que sitúa la longevidad como el máximo riesgo para las “sociedades desarrolladas”; es también ese nuevo principio del neoliberalismo rampante que exige “privatización de las ganancias y socialización de las pérdidas”; es, en definitiva, la extensión de la injusticia por la vía de la denigración y recorte de todo lo público que precariza aún más lo que, ya de por sí, era precario, convirtiendo en “deshechos no reciclables” a las poblaciones ya excluidas, arrojando a nuevas simas de exclusión a las poblaciones que estaban en riesgo y situando en claro riesgo de exclusión social a una parte importante de la población “normalizada”, como puede observar cualquiera que pase a la hora de las comidas por las inmediaciones de cualquier Cocina Económica o se preocupe de conocer la evolución actual de la actividad y personas usuarias de los Bancos de Alimentos o de Cáritas.

Es, por tanto, una imposición política, sin demasiadas resistencias en medio de la indefensión aprendida en la que vivimos, de las prácticas sociales más injustas, insolidarias e individualistas para realizar sus sacrificios humanos cotidianos en el ara de los crueles dioses del mercado bajo la letanía ritual del “quien quiera salud, educación, pensiones, atención a la dependencia (o hasta seguridad y justicia), que se las pague”...

Si puede, claro está, porque cada día son más las personas atrapadas en el laberinto perverso de este modelo de explotación y consumo.

Por fortuna, también crecen las redes horizontales de producción y difusión del conocimiento crítico, de solidaridad y apoyo mutuo, de manifestaciones diversas de la voluntad colectiva de supervivencia... Y, en todo ello, figura desde hace diez años, en primera línea, la Asociación Contra la Exclusión Alambique... Facilitando cauces y espacios para compartir saberes, enfrentándose sin desmayo a instituciones incapaces (o, incluso, rapaces) como esa Fundación Municipal de Servicios Sociales gijonesa rebautizada como Fábrica de Miseria Sin Solución, informando sobre recursos aún disponibles y creando conciencia de los desmanes, exigiendo de los poderes públicos la ayuda de emergencia imprescindible o una renta básica que sea garantía material de la dignidad de la propia condición humana, trabajando codo a codo con el vecindario en sus barrios.

Mostrando, en síntesis, que, aunque, como en época de Quevedo, pueda resultar peligroso tener razón en medio de la escasísima justicia de nuestro mundo, hay que seguir gritando y argumentando en cada plaza, en cada calle, en cada esquina, que vivir dignamente es un derecho. Para intentar contribuir a materializarlo.

Nacho Fernández del Castro

Gijón, Octubre 2013



“ Isaías escribió:
Una voz grita en el desierto: preparad el camino para lo bueno.
Enderezad los senderos, subid los valles y que bajen los montes.

¡Como me lo recuerda Alambique!


“Pero levántate,
tú, levántate,
pero conmigo levántate
y salgamos reunidos
a luchar cuerpo a cuerpo
contra las telarañas del malvado,
contra el sistema que reparte el hambre,
contra la organización de la miseria”.


“ PARAR Y PENSAR CON EL COLECTIVO ALAMBIQUE.

Para y piensa. Es el nombre que Augusto Boal dio a una de sus numerosas técnicas de trabajo en el teatro Foro, una de las diversas y más conocidas líneas del Teatro del Oprimido. Supone detener el curso de la representación de una historia, y en ese momento el público se acerca a los personajes, que no pueden hacer nada más que hablar en voz alta consigo mismos con lo que sería la voz de su pensamiento en ese momento. El público puede oír lo que piensa cada personaje en ese instante de la actuación.
Muchas veces, el curso de los actos es tan abrumador, tan apabullante, tan veloz o está tan cargado de inercias y automatismos, que apenas podemos parar a escuchar lo que los “protagonistas” de la acción piensan, o incluso peor: no podemos escuchar nuestro propio pensamiento como actores inmersos y atrapados por la acción.
La técnica “para y piensa” es por esto quizás una de las que más nos gustan y nos llaman la atención del Teatro del Oprimido. Y una de las que más impacto causa en los talleres en los que hemos usado técnicas de este tipo. De pronto pensar lo que hacemos, los motivos por los que lo hacemos, en qué nos vamos convirtiendo con ello… resulta sorprendente como mínimo, y muchas veces clarificador e incluso revelador.
Y esta es precisamente la invitación del colectivo Alambique. Unos amigos, muy activos, que, en la lucha contra la opresión, gustan de parar a pensar, y de invitar a otros a estas necesarias pausas, que nos pueden ayudar a comprender, a aprender, e incluso dar pistas sobre por dónde seguir haciendo.
Diez años de acción, reflexión, acción… De educación popular, comprometida, seria y divertida (según momentos y espacios), cercana a  la gente, al barrio… Contra los tiempos (de acomodo primero, y de estafa antes y ahora) y sobre todo contra los numerosos contratiempos a la vida y al mundo común. O más bien los mundos comunes posibles.
Investigar, dialogar, mirar, escuchar, buscar opciones, reflexionar con otros, denunciar, construir… Son verbos (acciones) principales para reconstruir la comunidad destruida, y también a las personas consumidas por tantas cosas (entre otras el consumo mismo). Para recuperar justicia social, solidaridad en la vida cotidiana, confianza en los/las vecinos/as, empoderamientos frente a tantos recortes de soberanía impuestos desde tantos frentes del poder-dominación, cultura democrática de democracia directa, participativa, saludable…
Estos verbos indican acciones, aquellas en las que Alambique más se ha ejercitado durante todo este tiempo.
Nuestra gratitud a todos sus esfuerzos, pues quienes nos dedicamos a la educación popular tenemos en este colectivo una fuente permanente de enseñanzas, un ejemplo de valentía, y una isla hermosa de la dignidad.
Ojala dentro de otros diez años hagamos otro “para y piensa” con vosotros/as, y que las islas así ya sean un importante archipiélago.




“ Alambique
diez años
un testu
dos mil imáxenes
centenares de soníos
munchos abrazos

Dicen y glayen que vivir dignamente ye un drechu...

Esixen xusticia y non caridá

Rebautizaren dalgunes instancies como fábriques de miseria ensin solución

Proponen la renta básica de les iguales

Recuerden a les autoridaes les sos obligaciones, les qu’indiquen la constitución y les lleis pa cumpliles… y dícen-yos qu’aú ta’l dineru...

Escriben llibros, reparten pasquinos, señalen responsables…

Movilícense escontra la esclusión, escontra’l militarismu, escontra les males práctiques de los gobiernos locales, autonómícu, central...

Recibieron ataques fascistes na so sé, en cuenta de tener tolos reconocimientos, apoyos y solidaridaes, que les sos xeres, entamos y desafíos mos habíen provocar...

Y lleven polo menos diez años faciéndolo...

Felicitaciones

Norabones

Milenta agradecimientos pol vuesu espaciu comunitariu de máxima utilidá pública.



“ Conozco a las gentes alambiqueñas desde sus inicios aquí en Asturias. Con varias de ellas comparto, además de inquietudes sociales, mi fe cristiana.  Durante estos 10 años, que ahora conmemoran, he participado en bastantes actividades (no en todas las que sería deseable, lo confieso)  de las que organizan contra la exclusión social.
Siempre que estoy con ellas en la calle, en alguna concentración informativa, de protesta o escracheando, me sitúo en la mente de los viandantes que nos observan y pienso que piensan en lo insignificantes que somos para la magnitud del problema.
Yo, a veces, regreso a mi casa pensando lo mismo, aunque satisfecho por haber ocupado algo de mi tiempo defendiendo los derechos de los excluidos.
Algo, un poco de mi tiempo.
Ellas no. Con la paciencia y la fe de la gota que siempre cayendo sabe que horadará la piedra, vuelven día tras día, semana tras semana a fustigar a los malos, a los responsables directos de que el dinero esté mal repartido, a los que retienen las ayudas que tantas personas necesitan para sobrevivir, a quienes, desde sus responsabilidades políticas,  no priorizan las necesidades básicas de la gente, sobre fastos, divertimentos, espectáculos y demás banalidades superfluas que rentabilizan en beneficio propio y de sus partidos. Esa perseverancia ante cualquier tentación de desánimo, que seguro que tendrán, es lo que mas valoro y respeto de ellas.
En muchas ocasiones,  pretenden ignorar sus acciones, silenciarlas, despreciarlas. Les tienen miedo: ese rumor continuo inquieta,  produce dolor de cabeza, despierta conciencias, provoca empatía..., el horno no está para bollos y ¿quién sabe si algún día el rumor no será un clamor?.
Vivimos en tiempos de carencias y, aunque haya gérmenes de solidaridad, lo que realmente brota con fuerza en este páramo yermo es la rastrerilla planta de la supervivencia individual. Pero ellas, las gentes de Alambique, son la voz que clama en el desierto: ¡VIVIR DIGNAMENTE ES UN DERECHO!.
Vivir dignamente es un derecho; ¿cómo algo tan obvio  puede sonar subversivo?. Claro que, por poner un ejemplo, si como dice Alambique, en vez de Fundación  Municipal de Servicios Sociales (FMSS), tenemos una Fabrica de Miseria Sin Solución, se puede esperar cualquier cosa.
Me presta, especialmente, que en los diversos actos que organizan en la calle, estén presentes personas excluidas defendiendo sus derechos, sintiéndose importantes y acompañadas. Dignas.
Y, también, que su tenacidad empiece a encontrar un tímido eco en los medios de comunicación, siempre tan ocupados en cantar las venturas y desventuras de nuestros próceres. Aunque sospecho que a ellas esta displicencia no les mella demasiado  su ánimo, pues siguen, continuamente, destilando, gota a gota, su mensaje de denuncia y solidaridad, aportando su grano de arena para cambiar la sociedad e intentando, sobre todo, que la sociedad no les cambie a ellas.
Personas así, no solo son necesarias. Son imprescindibles.
Cumplen 10 años en Asturias. Felices nosotros por tener cerca gente así.
Nacho Alonso Gómez.




“ Alambique desde una de sus afueras.

“La asociación contra la exclusión alambique vista desde una de sus afueras, es decir, desde una de sus periferias, parte de la ventaja que conlleva el haber permanecido tan libre de cualquier exclusión, sin por ello haber sido incluído, entendida esta inclusión como integración en la estructura, asimilación de roles y aceptación de un juego cuya moneda de cambio es la constante amenaza de la exclusión. Alambique sabe respetar la diferencia, guardar los espacios de cada periferia que interactúa y colabora con ellos, siempre tiene una propuesta reservada para estas afueras que, son tenidas en cuenta como una más sin por ello estar obligadas a besar ningún santo ni adorar a ningún dios ajeno.”

Un poquito para empezar: 
Es difícil no mezclar lo personal y lo político en ésta especie de balance. El texto se va a tomar la comodidad de no tener reparos en hacerlo cuando sea necesario, partiendo de que lo personal también es político o, por lo menos, también debería valorarse como tal,  pues no  son las posiciones políticas las que marcan el grado de transformación, sino las actitudes y los hábitos cotidianos los que dan el contenido real y práctico al mismo. Realmente, en la convivencia es donde se tensa la cuerda. No es que alambique se dedique a labores que explícitamente estén por tensar la cuerda en todo momento, pero sí se sitúan en el terreno de lo real, en una interacción con el entorno que les rodea, abiertos a toda propuesta, a todo posible enriquecimiento colectivo, como personas que suman y no como ombligos expectantes para ser observados, visibilizándose sin complejos entre dos polos;

Por un lado, el guetto político gijonés-asturiano formado por el cadáver izquierdista que aglutina una serie de organizaciones y colectivos que monopolizan todo cuanto tengan a su alcance, y por el espejismo libertario que de vez en cuando deja asomar alguna muestra de organización puntual, pero que, en la mayoría de los casos, se reduce a grupos de conocidos desperdigados. Todas las ambigüedades que corretean entre ambas partes que, por supuesto, no pueden entenderse como fronteras estrictas, acabarían por completar este mejunje de movimientos sociales que, salvo excepciones, suelen vivir del culto al fuego como escaparate,  la tradición lúdico-política como pasatiempo, la autocomplacencia y la prepotencia política como forma de embotellamiento.

Por otro lado, el barrio, la gente de todos los días, la que pasa por la oficina de atención, la que lleva los niños al colegio, la que pasa sus tardes de jubilación en lo bares de sus calles, la que juega en los parques, la que se pasa o participa en la asociación de vecinos… El barrio, los restos de un tejido social devastado,  tónica habitual en los tiempos que corren, donde la soledad se comparte y la compañía permanece sola, y donde algunas personas, con sus propios procesos individuales de politización entienden que, si algún cambio puede ser posible, sólo podrá serlo a través de la reconstrucción del tejido social, de los procesos comunitarios como requisito indispensable para que la teoría y la práctica golpeen al mismo tiempo. Alambique recuerda muchas veces aquel lema que viene del otro lado del charco y que habla de seguir el ritmo de quien va más despacio.  No entendido esto como vanguardia que espera caritativamente a que la gente se suba a su tren, sino como entender lo colectivo más allá de la afinidad política o ética y tener claro qué es la convivencia, qué es la vecindad y qué es el apoyo mutuo entre diferentes dentro de una realidad que nos tiene a todas, en mayor o menor medida, de espaldas contra la pared. Ver a las personas como tales y no como colores, insignias, afiliados, números o potenciales “revolucionarios” es algo que se puede aprender de este grupito de personas.

Alambique camina mostrando sus intenciones sin complejos, pero no por ello sin secuelas. Hace falta coraje para estar apoyando iniciativas de otros colectivos, no necesariamente por un entusiasmo de afinidad sino por la ganas de generar redes, y no contar con un respaldo devuelto. También hace falta coraje para enfrentarse día a día a las dinámicas dentro del barrio, a los roles que se quieren transformar y al desierto participativo del contexto urbano donde se mueven. Sin duda, hace falta coraje. No obstante, desde la periferia que habla este texto, que puede dejar sin duda muchas cosas al aire, porque se escapan de sus posibilidades, los frutos del esfuerzo desinteresado se hacen notar. Son poquitas las personas que desde otros grupos o maneras de hacer han ido manteniendo un contacto más allá del puntual charloteo de acción en la calle, pero son unas cuántas que van tejiendo una cotidianidad en donde alambique tiene motivos para no encontrarse desangelado. Del mismo modo, alambique se va nutriendo no sólo ya de un círculo de personas que apoyan sus actividades, sino de personas que se interesan por participar desde dentro, y como no, de gente del barrio que no les ve como asociación de personas, sino como iguales  que tienen una asociación, y que por supuesto no están ahí para sacar beneficio económico, político o personal a costa de nadie. Es al menos la impresión a partir de lo vivido.

Otro más sobre su actividad

Alguien me dijo una vez que, indiferentemente de las diferencias que pudiera tener con Alambique, era impresionante el nivel de actividad que el grupo tenía. Esto me hace pensar que no soy la única persona que desde las afueras nota esa presencia constante de las alambiqueñas en la calle; Puede ser en una facultad, en una fuente, en medio de un paseo junto al mar, en frente, e incluso dentro, de los servicios sociales… Alambique hace práctica esa importancia que le da a visibilizar las situaciones  de las personas que se encuentran tan jodidas por no poder llegar a fin de mes, por estar excluídas del chantaje asalariado, dentro de la voraz precariedad que le caracteriza (al menos a la mayoría de los mortales), o por estar en esa rueda de prestaciones que se retrasan y/o  llegan con trampa. Un papel importantísimo bajo mi perspectiva, hoy en día que parece que los problemas de uno no son los de los demás. Así que estas acciones en la calle no sólo son importantes en cuanto acciones, pues no sólo es el carácter visibilizador e incluso práctico, si se espera que la protesta pueda presionar a los responsables de las administraciones en cuestión, sino que es el trasfondo de esa acción lo más importante para mí, el colectivizar los problemas para hacer una resonancia grupal. Esta resonancia no sólo puede suponer un golpe de ánimo y fuerza hacia la persona, o personas, que están en contacto con la asociación, al comprobar realmente que no están solas y que su problemas no son una rareza genética, sino supone también darle un contenido político señalando a los responsables; las instituciones, y defendiendo a las afectadas, las personas. Es señalar las causas y combatir ese detestable planteamiento que culpabiliza a las personas de los problemas que le vienen dados, precisamente porque nunca se nos ha dado la posibilidad de decidir, controlar y gestionar nuestras vidas. Y es más, es importante señalar que el apoyo no sólo se hace notar en el margen de tiempo que dura una acción sino que lo que me parece realmente bonito es que, al menos la intención, bajo mi experiencia, siempre es crear procesos con las personas que se cruzan, rompiendo con el habitual espectáculo, abundante en el gueto político, de proyectar imágenes encerradas en acciones puntuales grabadas y preparadas para ingresar en Facebook y demás redes asociales, dejando nuevas huellas para el recuerdo y ningún motivo o interés por la continuidad.  Es decir, para mi el apoyo aquí deja de ser un panfleto para saltar al día a día, y esto, amigos,  es muy potente.

Eso no quita que, muchas veces en estas acciones se eche en falta un contenido que marque esa diferencia que a nivel político Alambique y/o personas que componen Alambique han mostrado. Me refiero a que estar realmente contra la exclusión pasa necesariamente por estar contra la inclusión. Ese matiz, tan crucial, para mi marca la diferencia entre alambique y los demás grupos, colectivos o asociaciones que conozco dedicados a la supuesta lucha contra la exclusión social. La institucionalización en sus esquemas y en sus prácticas es un hecho y, por eso, nunca podrán salir de esa espiral. La exclusión es consecuencia inevitable de un sistema que  nos usa y nos tira según le conviene. Por eso, luchar por incluir a las personas en una rueda que segrega y margina es como dar a entender que lo único que se pretende es subirse al tren del confort y la comodidad, independientemente de que la exclusión siga campando a sus anchas con mayor o menor invisibilización de las crudas realidades que genera. Eso si son soluciones individuales en donde nada se quiere entender ni afrontar. Lo que creo es que toda estas agrupaciones no son más que la parte caritativa del sálvese quien pueda. Alambique no tiene nada que ver con ellas, pero todo aquel colectivo que se dedica a luchar contra la exclusión social teniendo en cuenta sus causas económicas, sociales y políticas, pienso, debería tratar el tema de la inclusión tanto como el de la exclusión.    No hablo de purezas ni coherencias de sillón, pues estas se hacen imposibles en la práctica real, que es precisamente lo que más valoro de Alambique. Tampoco digo que no haya comprobado esa importancia en la práctica alambiqueña pero sí que en algunos ámbitos, como el de las acciones en la calle, se echa en falta.

Realmente, es tan dificil generar prácticas que traten de luchar contra la exclusión social sin contribuir directa o indirectamente a la inclusión social… ninguno de nosotros tenemos  las llaves, por ello espero contribuir a que hablemos de ello para poder ir abriendo las puertas. Entiendo que la crítica a la inclusión puede generar muchas veces incomunicación, aislamiento con el entorno. No es lo mismo visibilizar que la gente está siendo agredida por un sistema económico que distribuye la riqueza desigualmente, a visibilizar el hecho de que renunciar a esa riqueza puede ser una de la claves, siempre colectivas, difícilmente individuales. Pero es la práctica local la que muchas veces guarda ese mensaje implícito: ¿No tenemos comida? Hagamos un huerto y compartamos nuestro esfuerzo y sus frutos. ¿No tenemos dinero para pagar un curso de alguna práctica que nos interesa? Compartamos el conocimiento  sin necesidad de necesitar la cartera, sino a nosotras mismas. Naturalmente, las cosas son más complejas que  todo esto, pero lo que quiero decir es que, si las prácticas que generan mayor autonomía entre nosotros, no se acompañan de reflexiones dentro de las mismas que le den contenido político, no creo que se les saque todo el partido que se podría. Entiendo también que quien ha estado excluido socialmente toda la vida no tenga mucho interés en negar la inclusión de antemano, pues es difícil negar algo que no se tiene. También entiendo que dada la debilidad de contrapoder que generamos en nuestros espacios, nuestras dinámicas y nuestro inexistente tejido social, no seamos capaces de creernos eso de materializar la no exclusión unida a la no inclusión. Pero también entiendo que quienes conocen la lucha contra la exclusión social y no la integran en una lucha contra el capitalismo, tienen más facilidad para desentenderse de todo  una vez aquello que entiendan como sus necesidades, se vean satisfechas.

Sobre lo que no se publica y alguna iniciativa:

Quien me dijo en su día aquello, sólo se estaba centrando en aquello que se ve desde fuera; las acciones en la calle, las convocatorias, las charlas, los debates, la participación en movilizaciones conjuntas… pero esto no sería posible sin un trabajo previo que se dota de reuniones, asambleas y una organización, a mi parecer, bastante dinámica.

Tampoco tendríamos en cuenta todas las quedadas que materializan el apoyo anteriormente comentado, que van tejiendo encuentros puntuales con los vecinos del barrio por razones y asuntos diversos que responden a la intención de enredarse para conseguir ganar terreno en la posibilidad de ocuparse de lo que respecta a su entorno más cercano. No tendríamos en cuenta las permanencias en la asociación de vecinos, las comidas organizadas, la preparación de la revista del barrio y, por supuesto, no tendríamos en cuenta la oficina de atención. Hay quien se atrevería a decir que todo esto, además de todo lo que me dejo por el camino, no puede incluirse dentro de un trabajo político. Realmente, no estaría deacuerdo con tal atrevimiento, entendiendo la política como el conjunto de dinámicas y procesos de la vida cotidiana, no como un trabajo interesado para conseguir algo de alguien. Esto es a donde quiero llegar. Romper la frontera que suele haber entre la actividad política y la vida, entre la militancia y la no militancia es vital, al menos desde la parte que escribe este texto. Normalmente acostumbrados a leer teoría que luego no se pone en práctica, Alambique la pone en práctica sin necesariamente tener la teoría trazando la senda. Eso, pienso, es porque el entender que una transformación de nuestras vidas sólo puede pasar por lo más cercano, lo local, lo inmediato, lo colectivo, lo comunitario… Eso ayuda mucho a este grupito de seres a no hacer esa falsa separación. Puede que ellos no estén de acuerdo con lo que se dice aquí pero es una impresión que veo importante no pasar por alto. Esto no quiere decir que esta práctica tan directa e intensa no corra riesgos de saturación cuando la mayor parte del día, el barrio es protagonista de las responsabilidades y placeres de las personas que componen la asociación. 

Otro asunto importante que enlaza con este, y que también deja en ridículo a todos los discursos políticos que se llenan la boca de parlotear sobre la acción en grupos de afinidad y el valor de la amistad y la complicidad como fuerza de cohesión para actuar, es la capacidad que percibo que tiene el grupo para sacar adelante ese ritmo que interpreto tan intenso, aunque desapercibido. Sin duda,  la clave es esa intención por no formar corros de monólogos anónimos, sino encuentros de amigos, encuentros de conocidos in crechendo, encuentros de personas preocupadas las unas por las otras, y de personas que son capaces de ampliar los temas de conversación más allá de ciertos temas que generan jerarquías, que excluyen, si se convierten en un constante y único motor del grupo. Esto es importante porque se crea un cierto equilibrio dentro de lo inevitable que es que pueda haber personas más integradas o menos en cada momento. Lo importante es que esta rueda gire y las necesidades de cada persona puedan tener hueco para ser satisfechas de modo  que la frustración no florezca demasiado y  acabe desbordando todo.  No existe ninguna duda desde este texto para afirmar que esa fusión de intenciones de la una por la otra hace posible que germine una familia elegida que sobrepasa las fronteras de la propia asociación y que los proyectos llevados acabo gocen de una estabilidad de la que, por lo menos yo, no estoy muy acostumbrado y, me atrevería a decir, no es nada habitual. Todo ello, sin subvenciones, sin patrimonios, sin deber nada a nadie que no sea de carne y hueso. No se me malinterprete desde aquí, pues la intención no es idealizar Alambique, sí la amistad y sí la fuerza del apoyo, y es en este caso que no me cuesta encontrar sus síntomas dentro. Naturalmente, las diferencias vivenciales y políticas existen dentro de su seno pues, menos mal, no se trata de una secta. Es decir, puede haber también desafinidades, vacíos, desencuentros, frustraciones; nadie mejor que ellos lo sabrán, tanto colectivamente como para sus adentros, pero lo interesante de esto no es la diferencia, sino ese respeto a la existencia de la misma, un continuo tacto por respetar los espacios y la integridad de cada persona; No es buenrollismo ni oportunismo, es humildad y salud.

Hablemos de la oficina de atención; Un proyecto discreto y también bastante pasado por alto, empezando por quien escribe. Se trata de un proyecto  que ha dado mucho pie para la reflexión a nivel personal. No he solído compartir ciertas iniciativas de alambique, a veces por parte del contenido, otras veces por la forma. Siempre he intentado buscar el trasfondo de ello, el adonde se quiere llegar, muchas otras veces me ha servido como aprendizaje para respetar e incluso llegar a compartir la diversidad de formas de hacer, o la diversidad en las formas de expresar el contenido. Acostumbrado a una manera de entender la lucha que no tolera ninguna petición, exigencia o diálogo con las instituciones, y que, en este caso, no entiende imprescindible el implicarse en el mundo laboral y, en consecuencia, en el mundo prestacional y de las ayudas sociales, siempre he tenido mucho quebraderos de cabeza al intentar encontrar el sentido a iniciativas como ésta. Pero acomodado también en esos esquemas, en ocasiones dogmáticos, ahora soy capaz de entender muchas más cosas y encontrar potencialidades en ello sin necesidad de renunciar a mis convicciones, precisamente porque, hasta cierto punto lo veo compatible.

La oficina de atención es un ejemplo de iniciativa que brinda un proceso de debate en torno al asistencialismo y las posibilidades de implicarse en la lucha contra la exclusión social sin necesidad de hacer uso de esa práctica. Si algo me enseñaron los alambiqueños, aunque también es cierto que salta a la vista, y aunque una gran parte del guetto político-espectáculo prefiera seguir en su ceguera religiosa, es que existen oprimidas de primera, oprimidas de segunda y, a partir de ahí, ponerse a contar. Podemos encontrar un montón de personas en una concentración por un preso “político”, por un día internacional de alguna lucha concreta de algún lugar de moda en el calendario solidario de turno, o por algún minero vanagloriado por su “radicalidad” medida en litros de gasolina , pero no encontraremos ni al tato en una concentración por un preso cuyas razones explícitas de estar encarcelado no hayan sido defender a la clase obrera sino simplemente sobrevivir siendo pobre, ni por una mujer cuyo hijo es arrebatado por los servicios sociales, ni por uno de tantos chavales que no hablan bien castellano y se meten en líos una vez sí, y otra también. Los status son muy importantes incluso en estos aspectos. Creo entender que la gente que acude a la oficina, responde más a los últimos ejemplos que a los primeros. Naturalmente no quiero, ni simplificar, ni exagerar las situaciones que se viven a diario en el local de alambique en base a esos perfiles pues sería igual de patético que estratificar la solidaridad. Lo que trato de decir es que la iniciativa ya trata de entrar en contacto con gente que no es tan atractiva para el mundillo militante como sí lo es otra. Lo cual, aunque no debería ni tener que ser algo a resaltar, es muy interesante; Supone ya materializar esa lucha contra la exclusión social en un contacto real con la gente a través de lo que deciden ellos y no lo que se decide desde la parte que quiere entrar en contacto; La supervivencia dentro de este mundo asalariado, subsidiario y, por ello, hostil.
Una práctica asistencialista es la que aborda los problemas de la personas tomando mayor partido que ellas en estos y, en consecuencia, anulando su capacidad de dar su propia respuesta a sus propios conflictos. Es además quien aporta como soluciones parches y sucedáneos que envuelven a las personas en bucles de dependencia que se alargan en el tiempo. No encuentro nada de esto en la iniciativa de la que estamos hablando, y no será porque no haya pensado en ello.

Primeramente, generar un espacio donde poder poner a disposición de quien tenga interés por saber conocimientos específicos no implica ninguna obligación de por medio, ninguna condición, ninguna contraprestación. Tampoco implica ningún control por parte de las personas que se ofrecen para asesorar sobre las personas que acuden a informarse. Simple y llanamente se trata de controlar cierta información que no maneja la gente que acude, y compartirlo con ella. Es decir, no hay maestría, ni adoctrinamiento, ni pedagogía. Tan sólo puesta a disposición. Es más, hay un contrapoder que valoro un montón basado en anticiparse a las estrategias de los profesionales de la ayuda social para marear y dar calabazas a la gente que acude por un sustento económico. Por lo tanto, no hay asistencialismo sino autodefensa. Esta, para mí tan necesaria como  ganar autonomía, sin embargo, es aquí donde encuentro los límites del proyecto en ese punto. Apoyar a las personas en la búsqueda de prestaciones estatales no conduce hacia soluciones colectivas. No obstante, ese contacto con las personas a raíz de llevar adelante el espacio si tiene una dimensión colectiva más allá del acto de defenderse.
  
Sobre reformas y raíces:

En este mundillo del que formo parte nos encanta jugar a ser doctores y atribuir a los grupos y a lo individuos nuestros diagnósticos sociales y políticos. Esto significa que en realidad las dinámicas en las que caemos suelen ser igual de repugnantes que las que forman este mundo que intentamos o que decimos intentar cambiar. Necesitamos del encasillamiento y el etiquetaje para ordenar nuestras limitadas cabezas y hacer todo más fácil de lo que en realidad es. Entonces conseguimos hacer todo más difícil de lo que en realidad es; Así nace el estigma y la frontera.  Lo hacemos porque requiere mayor compromiso y esfuerzo definir a la personas y posicionarte ante ellas a medida que las
vas conociendo que predeterminarlas en base a los ambientes por los que se mueven, las consignas que gritan, la estética que llevan o las acciones que llevan a cabo. Así hablamos de hippies (haciendo referencia a lo pacifista y espiritual), hablamos de refors (haciendo referencia a quienes defienden fines reformistas), los violentos (Haciendo referencia a quienes usan la violencia como otro medio más de lucha), los radicales (haciendo referencia a todo lo que no suele tener que ver con la radicalidad)…  Así nos pasamos horas y horas, tanto los que mejor intención tienen, como aquellos que menos.  Así funciona el tema. Veo importante definir y utilizar los conceptos para ello, pues está claro que resulta importante saber que prácticas llevan a reformar el sistema, cuáles pretenden mantenerlo, cuáles no… como forma de aprendizaje, de encuentro, de desencuentro, de cuestionamiento, de crítica. Lo que sucede es que esto no se suele hacer con un ánimo constructivo y con una intención de aunar esfuerzos, sino con ánimo identitario, determinista y excluyente.

La asociación Alambique abarca la lucha a partir de la exclusión social. Esto quiere decir, las prácticas reformistas aquí son prácticamente inevitables pues, si la lucha se materializa en lo real, en este terreno no caben las purezas ni las abstracciones políticas. Un grupo que utiliza prácticas reformistas puntuales no necesariamente tiene por qué tener ambiciones reformistas. El problema está en que  esas prácticas son las que se muestran al público, y para conocer el trasfondo que hay detrás no es suficiente mirar la crónica de la acción del día anterior, sino conocer a las personas como grupo, como mínimo, y como personas en adelante. ¿Qué suele suceder? Infinidad de grupos se centran en la imagen del acto público; en la modalidad de la acción como forma de autoatribuirse la condición “revolucionaria” o “radical”, pero luego el trasfondo, en la mayoría de las ocasiones suele estar vacío, al menos, de lo que yo entiendo por radicalidad. Para mí, Alambique funciona a la inversa, lo cual no quiere decir que no encuentre contradicciones en su práctica ni en su trasfondo político. Ciertamente, lo realmente trascendente es aquello que se hace en lo cotidiano, cómo se hace, y para qué se lleva a cabo. De ésta manera, es interesante criticar cada acción pero no determinar un grupo por tal acción; Lo demás son estupideces alienantes que contribuyen a que sigamos viviendo en colmenas.

Para poner un ejemplo; Alambique lleva tiempo luchando por la renta básica de los iguales “y mucho más” dicen. Ese “mucho más” siempre me resultó muy ambiguo porque  caben dentro suya, muchas interpretaciones al respecto. Hablar de ello quiere decir cuestionar la existencia del capitalismo, del trabajo asalariado e, incluso, del estado. Pues bien, si no hay tejido social, sino hay redes de comunicación entre diferentes, sino hay debates y puntos de encuentro, sino hay enredo entre nosotras, no hay intercambio de impresiones, no hay posibilidad de aprender las unas de las otras ni de reconocer nuestras contradicciones y nuestras comodidades. Si nosotros no lo hubiéramos tenido,  no podría escribir que sé que la renta básica no es lo mismo para todas las personas que luchan por ella, tanto dentro de Alambique, como fuera. Para unas es un fin, para otras es un medio para posibilitar otros fines más profundos de raíz. Para otros,  es una lucha que no compartimos, ni como fin, porque no queremos exigir nada al estado y porque se trata de un ejemplo claro de reformar el sistema, ni como medio, porque creemos que es ingenuo pensar que el capitalismo pueda aceptar semejante bajada de producción que supondría el que toda persona, por el hecho de ser persona, tuviese una cantidad mínima de dinero para sobrevivir. Sólo en caso de conseguirse, pensamos, tendría que ver, con medidas de pacificación de la sociedad ante posibles conflictos que amenazaran la estabilidad social.

Volviendo a la tierra, la lucha por la renta básica, vista como un medio, introduce un debate, no desde la negación que algunos estamos acostumbrados, sino desde el cuestionamiento, sobre la función del trabajo asalariado y la producción económica en este sistema. Se distancia de aquellas posiciones izquierdistas, todavía muy presentes, que tienen tanta fe en el trabajo asalariado y la producción como aspectos del sistema a distribuir para alcanzar mayor bienestar. Introduce mediante un lenguaje legible para todas las personas, familiarizadas o no con los movimientos sociales, la importancia que se le da al trabajo en nuestra sociedad como requisito imprescindible para tener dinero para consumir, y por lo tanto, el menosprecio a la libertad, hoy no concebida en el
tiempo para dedicarse una a sus asuntos, sino en el dinero suficiente para consumir productos y segundos.

Es decir, hablar de todas estas cosas de tal manera que exista verdadero entendimiento y comunicación es tan verdaderamente difícil que, personalmente, me impresiona bastante este hecho de utilizar la renta básica como excusa para cuestionar ciertos pilares de esta vida mercantilizada. Esto se lleva intentando años y años desde círculos anticapitalistas con  otros medios y otras formas menos dialogantes y, sinceramente, en mi opinión, no se ha avanzado nada. Así que, ¿Es la lucha por la renta básica una práctica reformista? Si….Pues vale. Tan sólo se que nadie tiene la llave y que todos andamos bastante perdidos. Quien quiera definir qué caminos y qué medios son los correctos, adelante con su proyecto vanguardista, pero quienes entendemos la radicalidad como la capacidad de romper con el aislamiento, de comunicarse entre diferentes de igual a igual y la capacidad de organizarse con los medios que cada grupo considere oportunos para atajar de raíz los problemas que nos afectan, entendemos que la diversidad de tácticas es lo que aumenta nuestras posibilidades. Personalmente no comparto ciertas prácticas, en este caso de Alambique, pero eso no me impide aprender de ellas, de quienes las llevan a cabo y de por qué, así como son fuente de inspiración para no encerrarse en esquemas obtusos, que por radicales que sean, siguen siendo obtusos.

Las gentes de Alambique, a parte de estar en la calle con sus vecinos y con sus vecinas empapándose de realidad y compartiendo ritmos y experiencias con ellos, son  capaces de organizar actividades donde pueden llegar a juntarse gente muy diversa que llegan a brindar posibilidades donde se cuestiona el papel de los servicios sociales, de la cooperación internacional y la ayuda al desarrollo, de la escuela como institución, de la cárcel en sus distintas modalidades, del empleo, de la exclusión social, de lo que las instituciones llaman participación… infinidad de temas cuyo puro cuestionamiento en climas que no son puramente autorreferenciales hacen de la capacidad de comunicación en días como los que corren, un tremenda huella de radicalidad. Hay quienes prefieren hacerse fotos en medio de neumáticos quemados; es cuestión de gustos.

Con mucho ánimo y cariño de vuestro compañero y amigo.


“ Sobre el escrito como se ve alambique y mi experiencia con vosotros, pues me parece que ALAMBIQUE es muy interesante porque te informan de los derechos que se tienes y de lo que no te informan en los servicios sociales.
También si hay que hacer movilizaciones para gente para que te den los derechos que se tienen, también es el apoyo moral que se recibe cuando te apoyan cuando la cosa se pone chunga y se piden los derechos en los servicios sociales, se va al pleno del ayuntamiento, lo digo por la experiencia que hace poco tuve.
También animo a la gente que no nos conoce que se pase por ALAMBIQUE.
(Francisco)

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